La Tribu de los Cazadores: regresión social y consumo.

La Tribu de los Cazadores

Regresión social y consumo en tiempos de escasez

 

 

Una interpretación simbólica del comportamiento de compra venezolano bajo condiciones de crisis económica y escasez sistémica

Miguel Palau

 

Antropólogo  ·  Caracas, Venezuela  ·  4 de Septiembre, 2013



Antropología del Consumo, Video. Miguel Palau  

 

"No hay una cacería por el bien común, ni para compartir una pieza.

Este tipo de cacería implica una sola condición: la obtención de la mayor cantidad posible."

 

— Miguel Palau, Antropología del Consumo, Caracas 2013

 

 

 

OBSERVACIÓN I


El Día Comienza — La Tribu en Estado de Alerta


El día comienza, y en Venezuela todos sin excepción nos levantamos antes del amanecer. Dentro de nuestra tribu hay cazadores y cazadoras, y aun los más pequeños participan dentro de este proceso. Aunque a veces en espacios que no nos conozcamos, nos encontramos con otros que pertenecen a nuestro entorno — y sin embargo hay espacios en donde estos compiten con los de mi tribu particular. Son mis competidores en la caza y obtención de alimentos de primera necesidad.

 

La caza se inicia a través del contacto visual, se inicia en nuestro día a día, en donde en medio de nuestras múltiples labores conseguimos productos de manera inesperada. En consecuencia, nuestro entorno nos sujeta a darnos cuenta con mayor detalle de lo que sucede alrededor — miramos a todos lados, estamos pendientes no solo de nuestros implementos de la caza, sino de otros cazadores que ya han obtenido sus valiosas presas del día: harina PAN, arroz y azúcar.

 

Al igual que en los momentos de la caza tribal, este tipo de compras son imprevistas y frecuentes según la ocasión de disposición. Nosotros como cazadores y en estado de alerta como la mayoría de las personas de nuestra gran tribu caraqueña estamos no solo atentos al semáforo en rojo, al transporte público, sino también a lo que llevan otros como resultado de la cacería en las bolsas de supermercado transparentes.

 

"Allí lleva dos kilos de harina PAN, seguro hay en tal Supermercado. ¡Ya llegó, ya llegó!"

 

Es aquí donde se inicia la carrera, es allí donde se inicia esa visión de túnel que conlleva a que los integrantes de la tribu aceleren el paso — se debe correr si es necesario. Se debe defender lo obtenido a toda costa. Se debe generar una estrategia de flanqueo de pasillos en donde cada miembro de la tribu camina por uno de ellos en caso de que uno corra más rápido y llegue primero.

OBSERVACIÓN II


La Estructura Tribal — Jerarquías de Información y Acceso


La tribu, a pesar de nuestros nobles prejuicios, no se hace solidaria ante la escasez. Los empleados de los supermercados también desayunan arepas, así que todos participan en la pelea que caracteriza la obtención de unos 900 gramos para los desayunos — y luego de tantas devaluaciones, para los almuerzos y las cenas en la mayoría de las casas venezolanas.

 

Una vez que salen los empaques del almacén, ya hay personas esperando. Hay miembros de la tribu que manejan información privilegiada — ello les permite estar allí antes. Quien no asume que la llamada viveza criolla no es simplemente un rasgo adaptativo conductual ante una imposibilidad sistemática de quienes son responsables de mantener al menos la existencia de los alimentos.

 

Las Tipologías de la Tribu


Están los de la tribu que llegan al momento — los que se enteran a través de sus alianzas. Están los otros, los que al final solo recogen las sobras y miran los empaques vacíos aún a las puertas del almacén. Aún quedan la tribu de los resignados, los que esperan una oportunidad ante la debilidad, los que buscan entre los carritos descuidados de sus dueños, o los que le compran por debajo de cuerda al licorero — o los que buscan entre los carritos de la devolución estacionados al lado de la fila de pago.

 

En algún momento se sacan los empaques al mayor — pacas aún con el papel de cartón que las envuelve — y comienza la pelea. No hay cacería por el bien común, ni para compartir una pieza. Este tipo de cacería implica una sola condición: la obtención de la mayor cantidad de empaques que pueda llevarse consigo mismo.

OBSERVACIÓN III


El Intercambio — La Economía del Potlac Venezolano


Luego del proceso de la cacería viene el del intercambio. A veces, si compramos de más, la economía que nos rodea nos permite generar intercambios importantes entre los miembros de nuestra tribu a mayor escala. Actualmente un kilo de harina PAN se intercambia por 2 litros de aceite, 1 kilogramo de azúcar o quizás 4 latas de atún — ya que el valor del producto inicial es mayor al de los del intercambio final, y necesario además para el establecimiento de las relaciones sociales y culturales por afinidad y colaboración en tiempos complejos.

 

La compra para estos rubros ya desde hace tiempo es una experiencia diferente. La tribu lo sabe y continúa su proceso de búsqueda constante.


DATOS DE CAMPO


Consumo per Cápita — Observación Etnográfica en Hogares


Bajo observación en hogares a través de la etnografía, los siguientes datos emergieron del seguimiento del consumo familiar de harina PAN en Caracas:

 

1 arepa de aproximadamente 80 gramos  ×  4 personas  =  320 gramos por comida

1 kilogramo (aproximadamente) por familia cada 3 días

Una familia promedio consumiría unas 2,2 unidades de 1 kg. por semana

 

Cada vez que se entra a un supermercado se observa que la compra per cápita se hace más frecuente exclusivamente para artículos de primera necesidad — las variedades dentro de un mismo producto inicial ya no se encuentran desde hace años.

 

La tribu de los venezolanos de a pie es inteligente: cuando van a la caja se saben el precio de memoria — mejor que una caja registradora — y sacan de sus bolsillos los montos exactos solo para llevar lo que les permite la regulación de compra. La tribu no deja desperdiciar la preciosa arepa que los alimenta a diario. Nada se conserva en su estado originario en un estante de la casa.

REFLEXIÓN FINAL


La Ley que no se Drena — Estado y Tribu


Contrariamente a las declaraciones de muchos personeros, el desconocimiento sobre el consumo y nuestros hábitos alimenticios es supino. Las leyes que se generan o se reforman no se drenan aguas abajo — y cuando vas a un supermercado, las cajeras aún no saben qué horarios cumplirán ante la regulación de ley que se aprobó ayer. Ellas solo saben que son parte de la tribu y que también se comen su arepita por la mañana.

 

La viveza criolla no es un defecto de carácter — es una respuesta adaptativa racional a la imposibilidad sistémica. La tribu de los cazadores no eligió su condición; fue colocada en ella por una estructura económica y política que convirtió la subsistencia en competencia, y la solidaridad en lujo que no se puede costear cuando el alimento escasea.

 

 

 

 

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Referencia APA

Palau, M. (4 de septiembre de 2013). La tribu de los cazadores: Regresión social y consumo en tiempos de escasez. Miguel Palau - Antropología del Consumo. blogspot.com

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